Papá se fue un septiembre inesperado, justo cuando el verano empezaba a enfriarse en Santa Cruz.
El tráfico en la Calle Ocho estaba imposible, pero a Valeria no le importó. En el asiento trasero, Adrián
El día del funeral de mi tía Esperanza, una parte de mí sintió alivio. No por ella, sino por mí.
Las tijeras de sastre atravesaron el hombro izquierdo del saco con un crujido seco. Eran las nueve y
Todos pensaron que el muchacho del establo se había vuelto loco. Hasta que la esposa del millonario empezó