Relatos del Otro Lado
El restaurante La Cúpula, allá en pleno downtown de San Antonio, vibraba esa noche con una energía especial.

Me llamo Marisol. Tengo sesenta y ocho años y vivo en una casa de dos pisos en El Paso, Texas, que compré

El yate se sacudía como un animal herido. Camila vio cómo la última línea de luz del atardecer se la

Nunca imaginé que mi luna de miel terminaría conmigo sentada en el lobby de un aeropuerto a las tres

La lluvia golpeaba las sombrillas negras con esa insistencia tonta de las tormentas de noviembre en Chicago.

Apenas viré el pastel de tres leches sobre la mesa de acero, supe que me había equivocado de receta.

Llegué al Valdivia Grand de Los Ángeles a las once y cuarto de la noche con cuarenta y tres horas sin

Lucía manejaba de regreso a su hogar en Coral Gables con las ventanas abiertas y el aroma salado del

Marianela bajó del Toyota todavía con el motor encendido. Eran las once y media de la noche y no había

Valeria entró como una ráfaga a la casa. Eran las once de la mañana de un miércoles y no debería haber nadie.










