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El niño no tocó el bolso de Valeria. Solo caminó a su lado por unos pasos, mirando el prendedor de azahar

La calle de Miami brillaba como si nada triste pudiera pasar bajo esas luces. Había música suave desde

El niño llegó con una linterna de papel cuando la fiesta ya parecía demasiado perfecta para ser real.

Nadie en el museo esperaba que un niño cambiara el discurso de la noche. Mucho menos Alejandro Reyes.

El salón estaba lleno de gente elegante, pero el único que parecía perdido era el hombre con el traje más caro.

El hombre llevaba diez minutos mirando una puerta cerrada cuando una niña le preguntó si estaba esperando

La niña no sabía quién era el hombre sentado junto al carrito de raspados. Solo sabía que nadie compraba

Nadie en la estación se dio cuenta de que Rafael estaba sentado allí desde hacía casi una hora.

La verdad llegó al restaurante en manos de un niño con una servilleta doblada. En San Antonio, el comedor

El niño no gritó. No rogó. Solo puso una cajita blanca sobre la mesa más cara del restaurante.
