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Nadie miró dos veces a la mujer del delantal negro… hasta que un hombre entró y la llamó por el nombre

Valeria no recordaba el sonido de sus propios pasos. Recordaba vestidos. Recordaba pasillos largos.

Isabella odiaba cuando la casa se llenaba de visitas. No porque fueran malas personas. Al contrario

Camila nunca decía en voz alta lo que pensaba cada mañana. Miraba sus pies y les pedía, bajito, que le

Esa tarde, en Chicago, el viento movía las servilletas de las mesas como si también quisiera irse.

A Rafael le temblaban las manos, pero él hacía como si solo tuviera frío. Estaba sentado en una mesa

Él no estaba llorando fuerte, pero la tristeza se le notaba hasta en la forma de sentarse. Miguel estaba

Valeria pensó que lo más difícil sería caminar sin llorar hasta el altar. Pero la verdad la estaba esperando

Camila solo entró al cuarto de preparación para buscar sus aretes. Faltaban pocos minutos para la ceremonia

Isabela no iba a entrar a esa habitación. Solo pasó por el pasillo para buscar un poco de aire antes
